En un puerto italiano
al pie de la montaña
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
(Alfredo Garrido García)

En un puerto italiano
al pie de la montaña
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
(Alfredo Garrido García)

Resulta doloroso tener que volver a publicar en nuestro blog para dar la triste noticia del fallecimiento de un amigo de nuestro programa, Fructuoso Rodríguez Morales, activista político y sindical a quien llegamos a entrevistar en dos ocasiones.
Duele, duele que nuestras últimas publicaciones en Frente a Frente hayan tenido que ser para dar el adiós a amigos y compañeros. Fructuoso Rodríguez, luchador incansable por una Canarias Libre y por una sociedad más justa.
Compartimos con ustedes dos ocasiones en las que lo llegamos a entrevistar. La primera el 17 de diciembre de 2014, cuando nos hizo un análisis de la situación geopolítica internacional y de las causas de la crisis económica.
La segunda dándonos un testimonio histórico de su militancia en el MPAIAC con ocasión de la publicación de su libro autobiográfico El MPAIAC, entre Canarias y Venezuela.
Nuestro abrazo a familiares y personas allegadas, no sin antes recordar a Bertolt Brecht cuando señaló "hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles" y a Alí Primera quien cantó "los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos".

En cierto modo muchas teorías de la conspiración tienen que ver con una concepción liberal del individuo y del acontecer, es decir, sólo conciben que las cosas suceden debido a decisiones que una persona o varias tomaron, eso es, la idea de que si Hitler hubiese muerto de joven no habría habido nazismo. El "ellos" está dentro de esa idea, siempre son personas como Soros o sociedades secretas que manejan los hilos, no hay nada estructural ni ideológico.
Se hace necesaria una alianza táctica entre materialismo y postmodernismo para hacer frente a una conspiranoia que tiene su base en la idea liberal del individuo independiente.
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| Imagen: Redacción Médica |
"Tradicionalmente, el concepto de honestidad y autenticidad ha sido una de las marcas de identidad de la canción de autor; es decir, lo que han expresado en sus canciones fue, por norma general, reflexiones sobre el fruto de vivencias, experiencias u observaciones que coincidían totalmente con lo que pensaban y en la manera de expresarlo. Una característica que no sólo se da en torno al contenido, a su exposición y al modo de hacerlo, sino también respecto a otros factores como son la elaboración artística de la canción, su producción y su distribución, entre otras cosas; es una característica que este género comparte con otros como el rock, el folk y el jazz, y una diferencia importante respecto a la música comercial, en donde la exposición de los motivos suele ser fingida y se tiende a engatusar al público de varias maneras (indistinción de las canciones, exhaustiva repetición de los mismos motivos y temas, melodías y letras básicas y repetitivas en las que parece que los autores no se han molestado en esforzarse, etc., por no hablar de la producción y distribución): «… se concede una mayor importancia a la autenticidad, a la honestidad, al valor de verdad de una canción, que a la habilidad musical o a la técnica vocal»"
La pulsión de poder, que no es ni biológica ni está presente siempre en el mismo grado, no es la tendencia a oprimir a la otra persona, ni tampoco la idea del “todos contra todos” hasta que llega un Leviatán a ponerle orden. La admiración hacia la jerarquía y los símbolos de poder (ya sea un monumento, ya sea el propio ejercicio del mismo por una exhibición de fuerza policial contra una manifestación) no se da porque las personas que profesan dicha admiración crean que algún día ellos podrán estar también arriba en la pirámide social o ejercer una parte del mismo si ingresan en algunas de las instituciones represivas desde las cuales gozar del ejercicio práctico del “monopolio la violencia legítima” (esto es, policía o ejército). No, tampoco es el fenómeno, existente también, de que se promueva el conflicto del penúltimo contra el último para evitar que los primeros, quienes se encuentran en la cúspide, sean cuestionados. Estos fenómenos existen, pero también este otro fenómeno que se deriva del propio carácter del poder. Aunque sea unidireccional, de arriba hacia abajo, el poder es una relación, una relación que requiere de una contradicción entre quienes ejercen el poder y las personas sobre las que se ejerce dicho poder.
Las ideas igualitaristas o subversivas pretenden solucionar esa contradicción o bien dándole la vuelta o bien destruyéndola, pero siempre planteándola desde el conflicto; las ideas liberales y fascistas niegan ese conflicto y la resolución de la contradicción se resuelve en orden y estabilidad, la contradicción se reproduce a sí misma y es la tensión, disfrazada de armonía, la que garantiza esa estabilidad. De todos modos, la pulsión de poder puede verse en algunos sectores también de la izquierda, por ejemplo en el fenómeno contemporáneo que he denominado como stalinismo cultural, en realidad alejado de los postulados ideológicos del stalinismo, pero que hace un uso profuso de la iconografía stalinista. También existe una pulsión de poder en algunos sectores que, en teoría, cuestionan la propia idea de poder, esto es, en algunos sectores anarquistas (anarquistas culturales, podríamos llamarlos más bien, muchas veces ligados a determinadas culturas urbanas) que admiran como máxima expresión del poder no el orden, sino lo que tiene también de poder el aparente desorden. En distintos fenómenos más transversales se observa también una cierta pulsión de poder, ya sea en determinados géneros cinematográficos (cine de superhéroes, cine de zombies, cine bélico, etc.) o en el prestigio de las personas con cuerpos moldeados por el gimnasio.
No siendo un hecho biológico ni estable, ya que su presencia varía a lo largo del tiempo en las distintas sociedades, sería una labor desde los sectores críticos cuestionar y enfrentarnos a la pulsión de poder, aun aprovechando circunstancialmente aquellos elementos que nos puedan valer para el propio conflicto. El cambio social, la construcción de una sociedad igualitaria post-capitalista y la creación de nuevos sentidos comunes, esto es, compartidos por la mayor parte de la sociedad, requieren de un conflicto, pero un conflicto que no debe presentarse desde la marginalidad, puesto que sería visto como un extremismo y sin capacidad real de cambio social. Un conflicto no es sinónimo de violencia, defender la igualdad frente a la desigualdad es ya un conflicto, es la resolución de una contradicción. Por eso a la hora de frenar el fenómeno de la extensión de las pulsiones de poder no nos vale con la mera represión de dichas pulsiones, pues nos podríamos encontrar con terribles reacciones violentas o nuevos extremismos (lo estamos viendo con la proliferación de discursos abiertamente machistas), sino con la divulgación de discursos alternativos, con pretensiones de generar nuevas mayorías y no de mera autoafirmación. Iván Espinosa de los Monteros dice "si defender la historia de España es ser de extrema derecha, lo somos". ¡Pues claro que son de extrema derecha! Pero no por defender la Historia de España. Defender la Historia de España sería también señalar quiénes fueron el abuelo y el tío-abuelo de Iván Espinosa de los Monteros, y sus vínculos con el nazismo. Defender la Historia de España también sería estudiar las desigualdades sociales a lo largo de la historia y al servicio de quién estaban quienes detentaban el poder. Pero no, parece que a lo que se refiere a Iván Espinosa de los Monteros con defender la historia es hacer loas a las supuestas glorias pasadas, pero eso no es Historia, eso es mitografía.
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| Pestana no vio motivo para retrasar la distribución de este dinero. | VM |